Hace 37 años, precisamente en un Salón de Ginebra, Volkswagen presentaba un nuevo modelo llamado Scirocco que tuvo un gran éxito y acaparó muchas miradas desde el momento en que salió.

En 1982 llegaría la segunda generación de este modelo que presentaba un aspecto más moderno manteniendo la filosofía y el estilo del primer Scirocco. En 1992 se dejaría de fabricar finalmente relegando al recuerdo el nombre de este mítico deportivo.

En 2008, coincidiendo con el Salón del Automóvil de Ginebra de aquel año, Volkswagen volvió a traernos el Scirocco, un modelo que recupera toda la deportividad y el espíritu de la primera generación en un coche totalmente nuevo con un diseño que poco tiene que ver ya con sus predecesores.

Estéticamente hay que decir que este coche es realmente bonito. Su zona delantera cuenta con una parrilla muy moderna y nunca antes la habíamos visto en otros modelos actuales de Volkswagen. Además, posee una entrada de aire de grandes dimensiones con unos faros muy agresivos que nos insinúa el carácter deportivo de este vehículo.

Su perfil es otro prodigio del diseño y del buen hacer de Volkswagen porque a mi, personalmente, me parece realmente espectacular. Unas llantas de grandes pulgadas, una carrocería muy pegada al suelo y una zaga más bajita y ensanchada son los principales detalles que se pueden percibir al contemplar este coche de lado.

La zona trasera posee unos faros con un diseño totalmente innovador y llama la atención por lo ancha que resulta su carrocería de la mitad para abajo, ya que su parachoques es enorme.

Para esta prueba hemos tenido la suerte de contar, además, con un Scirocco que lleva el acabado que Volkswagen llama “R Line”, que se distingue por llevar ciertos elementos deportivos aún más llamativos como el diseño súper agresivo del paragolpes delantero, las molduras salientes laterales en la zona baja de la carrocería, un pequeño alerón trasero o unas ópticas ligeramente oscurecidas.

Su interior resulta muy deportivo pero en multitud de detalles nos recuerda rápidamente a otros modelos de Volkswagen y más concretamente al Golf, con quien comparte muchos elementos de su habitáculo.

Los asientos delanteros son muy ergonómicos y la posición de conducción es bastante más baja que la de un Golf. Los asientos traseros son también muy cómodos pero están diseñados para que viajen un máximo de dos personas y no tres como en la mayoría de coches de similar tamaño.

El espacio de las plazas traseras es amplio pero no resulta muy aconsejable para personas de cierta altura, ya que su cabeza tocaría contra el techo. Además, las pequeñas ventanillas traseras son realmente estéticas y quedan fenomenal vistas desde fuera pero, claro, para el que vaya dentro puede resultar algo claustrofóbico.

Por otra parte, la capacidad del maletero es bastante justita ya que tan solo permite introducir hasta 292 litros y, encima, debido a su diseño, el acceso al hueco del maletero resulta bastante complicado si queremos meter maletas u objetos de bastante peso.

Entre los elementos de serie que podemos encontrar en un Volkswagen Scirocco están las llantas de 17 pulgadas, el climatizador bizona, un reposabrazos central delantero, un volante multifunción en cuero y una radio con CD, MP3 y pantalla táctil.

El Scirocco R Line que hemos probado lleva, además de lo anterior, unas llantas de 18 pulgadas, asientos calefactables, control automático de velocidad, encendido y apagado automático de luces con Bi-xenon y manos libres para el teléfono móvil.

Propulsor

El propulsor que acompaña a este Volkswagen Scirocco R Line que hemos probado es el 2.0 TSI de 210 caballos con cambio automático DSG.

Este motor ya lo había probado en numerosas ocasiones en muchos otros modelos del grupo Volkswagen y sé que es una auténtica maravilla. Por eso, ahora tenía muchas ganas de catarlo en el Scirocco y más aún con el cambio DSG, porque la última vez que me subí a un Scirocco fue con el mismo motor pero cuando aún desarrollaba 200 caballos e iba acompañado de un cambio manual.

La verdad es que yo siempre me canso de decir que a mi los cambios automáticos no me gustan nada en absoluto. Sin embargo, cuando hablamos de los nuevos sistemas de cambio automático con doble embrague y, si encima el modelo en cuestión va acompañado de levas en el volante (como ocurre con este Scirocco), la cosa cambia bastante.

A mi siempre me gusta sentir que intervengo al máximo en la conducción del vehículo que llevo entre mis manos. Por eso, los cambios automáticos los detesto porque no me transmiten la confianza ni la diversión que supone ir controlando la caja de cambios como sucede en un manual.

En este Volkswagen Scirocco, aunque lleve un cambio automático, la nueva tecnología de doble embrague que Volkswagen ha bautizado con el nombre de DSG, te permite sentir que realmente llevas tú el cambio porque las marchas suben y bajan exactamente cuando tú quieres y es un auténtico deleite subirlas y bajarlas con velocidad y ver que el cambio responde con total rapidez.

De hecho, cuando pisas el acelerador con contundencia y vas progresivamente engranando marchas, la capacidad de aceleración que consigue es extremadamente rápida y es completamente imposible superarla con el cambio manual.

Por eso, este Volkswagen Scirocco con el DSG de seis velocidades consigue acelerar de cero a cien en tan sólo 6,7 segundos, mientras que con el manual se necesitarían dos décimas de segundo más.

En el apartado de consumos, la marca dice que este Scirocco de 210 caballos tiene un consumo en ciclo combinado de 7,5 litros a los cien. La verdad es que yo haciendo un uso normal y moviéndome tanto por ciudad como por carretera para hacer recados y demás, no pude bajar el consumo de los 9 litros a los cien.

Aún así, me parece una auténtica maravilla poder ir en un coche de 210 caballos que con un pisotón de acelerador es capaz de dejar tirados a casi todos los coches de alrededor y, encima, mantener unas cifras de consumo tan moderadas.

De hecho, la sensación de aceleración que transmite este Scirocco es difícil de alcanzar en otros coches sin que tengas que ir con la gasolinera a cuestas.

Comportamiento

El Volkswagen Scirocco con el motor de 210 caballos y el cambio DSG es un coche que sorprende desde el primer segundo en el que pisas el acelerador con cierta contundencia.

De hecho, es de esos coches que engañan porque cuando vas tranquilo no hace ningún ruido, es súper suave y resulta muy fácil de llevar como si se tratara de un utilitario cualquiera de no más de 80 caballos.

Sin embargo, cuando te acuerdas del coche que llevas entre manos y decides animarte un poco a pisar el acelerador, surge de pronto un bramido bronco y profundo que envuelve el habitáculo, tu espalda se pega al asiento con fuerza y cada cambio de marchas sucede a la siguiente con un potente petardeo de escape realmente cautivador.

Vaya, es como si un demonio se escondiera en el interior y surgiera cada vez que uno decide pisar con fuerza el acelerador, porque mientras uno va calmado nada nos hace presagiar la bestia que lleva dentro este maravilloso Scirocco.

Lo que a mi me parece excelente de este coche, es su doble papel. Puedes ir a comprar, a trabajar o a hacer recados sin molestia alguna porque se comporta de una forma muy tranquila y, a la vez, cuando quieras ir con el cuchillo entre los dientes dando una vueltecita por algún tramo revirado se muestra como un vehículo muy potente y rápido.

Sobre todo, me ha parecido excelente en zonas con curvas y subidas, ya que el cambio DSG hace que no eches de menos el cambio manual porque es realmente rápido y obedece a todo aquello que le pidas sin intervenir absolutamente en nada que tú no le mandes.

Sin embargo, cuando vas bajando y necesitas ir haciendo uso del cambio para reducir, se notan un poco las carencias respecto a un cambio manual, ya que no siempre baja de marcha tan rápido como querrías y hay veces que te metes en algunas curvas demasiado ‘suelto’. En este sentido, las cajas de cambio de toda la vida siguen transmitiéndome mayor confianza.

Por otro lado, su ancha zaga hace que en el paso por curvas apoye fuerte sin retorcerse demasiado, pero al entrar en dichas curvas es precisamente la zona delantera la que a veces transmite menor confianza.

En definitiva, nos encontramos ante coche realmente eficiente. Es suave en ciudad y una fiera cuando le pisas el acelerador; tiene una estética muy llamativa y, además, sus consumos tampoco son desmesurados. ¿Para qué quieres más?