La unidad que hemos probado es el Mini Cooper S. Estéticamente se distingue del resto de la gama por contar en la zona delantera con una llamativa entrada de aire en el capó y un parachoques sobredimensionado que incluye una rejilla de mayor tamaño que en el resto de versiones.

Al contemplarlo de perfil también se aprecian una serie de detalles que acentúan el lado más salvaje de este Mini y que se encuentran en las llantas de 17 pulgadas, la carrocería rebajada, el tapón de la gasolina cromado y en las pequeñas aletas laterales cromadas que incluyen el distintivo ‘S’ que diferencia a esta versión del Mini Cooper.

La zaga no podía ser menos y, por eso, incluye también una serie de elementos deportivos que se encuentran en el alerón que se ha situado sobre el portón del maletero, la superficie cromada por encima de la matrícula, el parachoques sobredimensionado con un difusor negro y el gran tubo de escape central con dos salidas cromadas muy llamativas.

Con esta apariencia, la exclusividad innata de cualquier Mini adquiere un carácter más salvaje y cautivador que le lleva a convertirse en un vehículo acaparador de miradas.

Habitáculo:

El interior del Mini Cooper S es muy peculiar. Hay a quien le encanta y, por otro lado, hay a quien no le gusta absolutamente nada pero, lo que es seguro, es que diferente al de cualquier otro coche sí que es, de eso no hay duda.

Cuando te sitúas a sus mandos resulta llamativo ver que, a pesar de su reducido tamaño, cuentas con un espacio muy amplio que no es nada agobiante para personas altas o corpulentas.

El volante es cómodo y, aunque no es especialmente deportivo, resulta bastante ergonómico. No sucede lo mismo con la palanca de la caja de cambios, que es algo incómoda sobre todo cuando se opta por realizar una conducción más deportiva en la que se echan de menos unos desarrollos más cortos y un pomo más pequeño.

Además, cuesta acostumbrarse a esta palanca porque está ligeramente ladeada hacia la derecha y cuando introduces la primera velocidad, parece que llevas la tercera; cuando marchas en tercera, parece que vas en quinta y, cuando quieres introducir ésta última, tienes que llevar la mano demasiado hacia el asiento del copiloto.

El cuadro de mandos y toda la consola central resulta muy exclusiva y evoca claramente al diseño del Mini de los años 60 pero sus elementos son completamente actuales, claro.

Como he dicho antes, este diseño tiene seguidores y detractores. Yo en eso no voy a entrar pero, lo que sí es cierto es que la configuración de algunos de sus mandos no resulta muy útil en el uso diario porque en muchas ocasiones es fácil equivocarse. Sin ir más lejos, no hace falta ser muy torpe para que vayas a abrir una ventanilla y, en vez de eso, enciendas las luces antiniebla delanteras o cierres los seguros. Todos estos botones son idénticos, se encuentran muy cerca unos de otros y cuesta aprender dónde queda cada uno.

Por otro lado, los asientos se encuentran tapizados en piel y resultan cómodos ya que recojen bien la espalda y evitan grandes balanceos aún circulando por zonas de curvas a un ritmo fuerte.

Las plazas traseras también resultan confortables pero el hueco destinado a las piernas es algo escaso si la persona que viaja en ellas posee una envergadura considerable.

El espacio para el maletero tampoco es una de sus grandes virtudes pero, claro, nos encontramos ante un Mini y es algo que cabía esperar. Aún así, cuenta con una capacidad de carga de 160 litros que pueden aumentar considerablemente si se abaten los asientos traseros.

Motor:

Bajo el capó de este Mini tan llamativo se encuentra un motor tetracilíndrico de 1.600 centímetros cúbicos que desarrolla una potencia de 175 caballos. Esto unido a un turbo que ‘sopla’ desde bajas vueltas y a un peso total de poco más de 1.200 kilos consigue que su aceleración de cero a cien se sitúe en 7,1 segundos.

La unidad probada iba acompañada de una caja de cambios manual de seis velocidades, aunque también se puede optar por montar una caja de cambios automática que, igualmente, posee seis velocidades.

Los consumos de este Mini son bastante ajustados teniendo en cuenta las grandísimas prestaciones que es capaz de ofrecer. De esta forma, según datos de la marca, tan sólo necesitaría 6,2 litros a los cien en ciclo combinado.

Sin embargo, durante esta prueba y realizando una conducción normal en la que, en muchas ocasiones superé ligeramente los límites de velocidad establecidos, mantuve unos consumos que rondaban los ocho litros. Cuando decidí realizar algún tramo a un ritmo más fuerte, los consumos se dispararon hasta unas cifras que rondaban los diez litros.

En cualquier caso, son cifras bajas si las comparamos con otros vehículos que ofrezcan un rendimiento similar.

Otro detalle a tener en cuenta es que durante la prueba de este Mini Cooper S siempre mantuve desconectado el sistema Stop&Go que se ocupa de apagar el motor en semáforos, atascos o situaciones en las que no resulta necesario que se encuentre en funcionamiento. A mi es un elemento que me pone nervioso porque no estoy acostumbrado a él pero si lo hubiera utilizado, probablemente hubiera conseguido unas cifras de consumo más bajas.

Por otra parte, el funcionamiento del propulsor de 175 caballos de este Mini es impecable, ya que te permite circular a un ritmo muy tranquilo sin sobresaltos cuando vas por ciudad, en atascos o por cualquier carretera en la que te apetezca ir relajado.

Sin embargo, toda esta tranquilidad puede dar un giro de 180 grados a poco que se te ocurra hundir más de la cuenta el pedal del acelerador. En este momento, parece como si un demonio enfurecido brotase del pequeño Mini ya que, de pronto, descubres que ha surgido un rugido muy cautivador proveniente de la zona trasera mientras experimentas una aceleración que te mantiene literalmente pegado al asiento.

Comportamiento:

El Mini Cooper S es un coche llamativo que destaca sobre el resto por el simple hecho de ser un Mini pero, a esta versión S hay que unirle además el factor que supone llevar una versión que bajo su capó monta un propulsor capaz de acelerar de cero a cien en 7,1 segundos, una cifra reservada a unos pocos privilegiados.

Su comportamiento en ciudad es muy dócil pero, su reducido tamaño unido a su gran respuesta al pisar el acelerador, te anima a ir moviéndote de forma ágil entre el tráfico.

Cuando optas por circular por autopista también es una delicia la capacidad que tiene para acelerar incluso cuando te estés moviendo en sexta a 100 kilómetros por hora.

De todas formas, el Mini Cooper S tampoco es un coche demasiado recomendable para viajar porque la dureza de las suspensiones hace que vayas notando cada pequeño bache que encuentres por la carretera y, además, el sonido bronco del escape puede resultar insoportable cuando llevas más de una hora circulando.

Pero, sin duda, el terreno donde más partido se le puede sacar a este Cooper S y, donde realmente se disfruta de su conducción, es en carreteras reviradas de montaña.

Para empezar, resulta aconsejable pulsar la tecla ‘Sport’ que se ocupa de endurecer la suspensión y el volante. Además, el pedal del acelerador se vuelve mucho más preciso para que, con un leve toque de gas, suba rápidamente a 2.000 vueltas.

Una vez hecho esto, no tenemos más que empezar a rodar. El imponente sonido del escape y los silbidos del turbo cada vez que aceleremos se ocuparán de que vayas metiéndote en el papel.

Casi desde el primer momento se da uno cuenta que este Mini Cooper S es un coche juguetón que no permite concesiones como la de agarrar el volante con una mano porque, fácilmente, puedes acabar fuera de la carretera o, como poco, en el carril contrario.

En tramos revirados, este Mini es realmente divertido ya que su reducido tamaño te permite enlazar curvas a un ritmo más fuerte que con la mayoría de vehículos del mercado. Sin embargo, en curvas rápidas, el Mini también es capaz de ser realmente veloz, pero tampoco apoya de una forma que transmita una confianza total y esto te lleva a terminar por bajar el ritmo en este tipo de zonas para evitar cualquier tipo de susto.

En definitiva, nos encontramos ante un modelo muy llamativo en todos los sentidos. Por un lado, te permite disfrutar muchísimo a sus mandos pero, por otro lado, se muestra bastante incómodo a la hora de viajar o llevar varias personas a bordo. Simplemente hay que tener claro para qué lo quieres pero, eso si, si en algún momento crees haber olvidado por qué decidiste hacerte con un Cooper S, no tienes mas que salir a hacer unas curvas para recordarlo.